Nación de Muros: colonialismo, racismo y muros en Estados Unidos

Khury Petersen-Smith

(traducido por Loles Oliván Hijós)

Nación de Muros: colonialismo, racismo y muros en Estados Unidos

Manifestantes en la protesta del movimiento Occupy Seattle marchan por el centro de la ciudad hasta la sede del Banco de América. (Créditos: Tyler Stringfellow/IPS)

La resistencia a las fronteras y a los muros de separación es una de las luchas más urgentes, globales y galvanizadoras de nuestro tiempo. Aunque la historia reciente ha estigmatizado los muros fronterizos en el escenario mundial –particularmente porque el Muro de Berlín simbolizaba la división y la opresión–, en la actualidad hay Estados que los fomentan y políticos de derechas que los adoptan como legítimos en todo el mundo. Desde Oriente Próximo hasta América del Norte, desde Europa hasta África, los gobiernos levantan muros para controlar la movilidad de comunidades oprimidas y dividir a las poblaciones según criterios nacionales.

Estados Unidos e Israel lideran – devastadoramente – la vía de legitimación y construcción de muros. La construcción por parte de Israel de un muro que atraviesa Cisjordania, comenzado en 2001, supuso un severo ataque público contra la libertad de circulación del pueblo palestino en una estrategia para afianzar aún más el control israelí sobre el territorio de Palestina. Pero el proyecto también movilizó la sensibilidad internacional respecto a los muros. A pesar de la condena de la Asamblea General de Naciones Unidas, de la Corte Internacional de Justicia, de la Cruz Roja y de diferentes organizaciones de derechos humanos, Israel siguió adelante con su construcción. El Estado emprendió asimismo otras barreras de separación –en su frontera sur con Egipto, a lo largo de los bordes de la Franja de Gaza y de los Altos del Golán sirio bajo ocupación israelí, en parte de su frontera oriental con Jordania, y a lo largo de su frontera norte con Líbano.

Estados Unidos ha alentado la construcción de los muros israelíes. Vetó las iniciativas para condenar el Muro de Cisjordania en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Ha seguido manteniendo su asistencia constante a Israel durante todas las fases de su construcción. Y han sido muchos los políticos estadounidenses que, como los senadores Hillary Clinton y Chuck Schumer, han argumentado que el Muro está justificado como medida para detener el terrorismo. El presidente Trump ha elogiado con entusiasmo los muros israelíes refiriéndose a ellos durante y después de su campaña electoral de 2016, tanto para respaldar los proyectos de construcción por parte de Israel, como aprovechando su supuesta legitimidad para justificar la construcción de un muro propio en Estados Unidos a lo largo de su frontera con México.

Además de fortificar las fronteras que limitan su propio territorio, Estados Unidos fomenta de manera beligerante la militarización de las fronteras de otros Estados. El programa del Departamento de Defensa que destina ayudas a Líbano, Pakistán, Omán, Egipto, Jordania y Túnez para seguridad fronteriza es uno de los varios que Estados Unidos financia para reforzar las fronteras en todo el mundo1. El gobierno de Omán está utilizando estos fondos para construir un muro de separación en su frontera con Yemen2. En las fronteras de Jordania con Iraq y Siria, el fabricante de armas estadounidense Raytheon opera junto al gobierno jordano para erigir un mosaico de muros físicos, sensores automatizados, torres de observación y otras tecnologías de vigilancia3. A este conjunto de instrumentos de control de movimientos se le denomina en la política interna estadounidense “muros inteligentes”. Aunque la cuestión relativa a su frontera con México sigue siendo controvertida y objeto de debate, Estados Unidos ya está financiando la construcción de un “muro inteligente” en Jordania. Empresas estadounidenses – como Raytheon – e israelíes – como Elbit Systems – están implicadas en proyectos de militarización de fronteras en todo el mundo. Por lo tanto, Estados Unidos e Israel, a través de la legitimación ideológica de los muros y las vallas fronterizas, de la financiación material de su construcción y del desarrollo de las tecnologías que integran su infraestructura, están a la vanguardia del proyecto de dividir el mundo con muros.

Aunque estamos inmersos en una fase crucial respecto a la construcción de muros en todo el mundo, es importante rememorar la historia de la construcción de vallas y muros que separaron grupos de población porque es allí dónde se hallan los fundamentos para justificar las barreras de separación hoy en día. Estados Unidos en particular tiene un amplio historial de construcción de barreras de separación para colonizar la tierra y diseñar y aplicar geografías de segregación racista. Concretamente, el desarrollo de Estados Unidos como proyecto nacional implicó que los colonos europeos levantaran barreras para mantener a los pueblos indígenas fuera de los territorios colonizados e igualmente, los estadounidenses blancos construyeron muros en las ciudades de Estados Unidos para confinar a los residentes negros en ciertas partes de las ciudades e impedirles el acceso a otras.

De hecho, la construcción de muros fue una actividad esencial de los primeros colonos ingleses cuando establecían las colonias de las que surgiría Estados Unidos. Tanto en Jamestown, Virginia,4 como en Plymouth, Massachusetts – los asentamientos de ingleses de los que Estados Unidos extrae su historia originaria – los colonos construyeron empalizadas o muros fortificados en los bordes de sus asentamientos.

En 1621, meses después de su llegada a Massachusetts, los colonos peregrinos de Plymouth comenzaron a construir su muro. Los peregrinos desembarcaron en Plymouth en diciembre de 1620, y su asentamiento implicó la confiscación de tierras, ataques a comunidades indígenas y la formación de alianzas con algunos grupos locales enfrentados con otros. Los colonos formaron una milicia comandada por Myles Standish, soldado inglés y veterano de las guerras de Europa. El liderazgo militar de Standish en el transcurso de su actuación en el asentamiento inglés de Massachusetts se caracterizó por su proceder agresivo y por la masacres de indígenas. A finales de 1621 las maniobras de los peregrinos provocaron una respuesta defensiva por parte del pueblo Narraganset. Bajo la dirección de Standish, los colonos reaccionaron levantando un muro de casi dos metros y medio de alto por casi un kilómetro de largo. Esta empresa no sólo tenía por objeto repeler a la población nativa sino también afirmar el control del territorio por parte de los ingleses. Como escribe el historiador Nathaniel Philbrick, al construir el muro “los peregrinos habían dejado claro que tenían la intención de permanecer allí por mucho tiempo”.5

Hay un muro más famoso, al menos por su legado, en Manhattan. Wall Street, el centro de las finanzas internacionales, lleva el nombre de un muro que los colonos holandeses construyeron en el curso de su asentamiento en la isla. Tras una relación inicialmente cordial entre los holandeses y los Lenape que habitaban la región, que implicó incluso el permiso de los líderes indígenas a los colonos para ocupar la parte sur de la isla de Manhattan, el dirigente colonial Willem Kieft promovió varias masacres contra los Lenape.6 Ello provocó un enfrentamiento entre los colonos y los nativos que se llamó la Guerra de Kieft.7 En ese contexto, los holandeses construyeron – usando mano de obra colona y de africanos esclavizados8 – una doble empalizada como defensa contra la hostilidad que ellos mismos habían provocado. El pasadizo entre los dos muros se convertiría en Wall Street.

Las historias de estos muros construidos en las primeras colonias que darían lugar a Estados Unidos revelan una profunda conexión con los actuales proyectos estadounidenses de construcción y financiación de muros. La construcción de barreras de separación con fines de colonización formó parte de las primeras intervenciones de los fundadores del proyecto de Estados Unidos.

Los muros urbanos de Estados Unidos

Las historias de la construcción de muros racistas en Estados Unidos no sólo se remontan a las actividades de robo y colonización de las tierras nativas por parte de los primeros colonos. Las barreras de separación han formado parte también de la segregación racial de la sociedad estadounidense para promover la supremacía blanca y la opresión racista. Explorar las historias de tales muros permite dimensionar la segregación racial en sí misma. De hecho, las geografías segregadas del paisaje estadounidense, particularmente en las ciudades del país, han constituido un componente central del racismo en Estados Unidos. Aunque los paisajes urbanos resultantes han dado lugar a enclaves étnicos marginados que han impactado en varias poblaciones racializadas – incluyendo, por ejemplo, a los chino-estadounidenses y a otros inmigrantes asiáticos separados en los “barrios chinos” –, fue primordial la arquitectura para confinar y restringir el movimiento de la población negra estadounidense en particular, algo que ha evolucionado a lo largo de la historia de Estados Unidos.

La residencia, el movimiento y otras actividades de la población negra se han restringido históricamente mediante una combinación de legislación, intervención de las agencias gubernamentales y violencia de la supremacía blanca. Como han argumentado académicos como Keeanga-Yamatta Taylor9 y Richard Rothstein10, la segregación en materia de vivienda implicó la colaboración entre la industria inmobiliaria, la Administración Federal de Vivienda, los gobiernos municipales y ciudadanos blancos particulares. Quizás el método más conocido para ejercer de manera sistemática la discriminación racista en la vivienda fue el conocido como “redlining”. Implicó que el gobierno federal operara con las compañías de bienes raíces para destinar áreas de las ciudades de Estados Unidos a viviendas para la población negra, y otras zonas en las que se la excluía. Organismos gubernamentales desarrollaron un sistema para promover o degradar los créditos a la vivienda objetando que prestar a los negros implicaba un riesgo mayor, e incluso que la proximidad a áreas con propietarios negros amenazaba el valor de las viviendas. Ello implicó prácticas y criterios diferenciados de concesión y denegación de créditos de vivienda a familias negras y blancas que promovieron y consolidaron ciudades racialmente segregadas. Además de las prácticas financieras que produjeron la segregación, en algunas ciudades de Estados Unidos se construyeron barreras de separación cuyos cometidos eran muy visibles y funcionales para la división racista. La historia de esas vallas y muros es anterior al siglo XX pero ha seguido vigente posteriormente en la práctica del “redlining”.

En el área de Washington DC por ejemplo, se construyeron al menos dos barreras de separación. El barrio LeDroit Park de Washington se diseñó en la década de 1870 como un enclave totalmente blanco. En el área que rodea a la histórica Universidad Black Howard, adyacente a la ciudad de Howard, los promotores del barrio construyeron una valla alta alrededor del parque LeDroit y situaron guardias en sus accesos para controlar la entrada de personas. A la población negra se le prohibía acceder.11

En Arlington, Virginia, justo al otro lado del río Potomac desde Washington, donde vive gente que trabaja en la ciudad, los residentes blancos de las zonas aledañas al barrio negro de High View Park construyeron en la década de 1930 secciones de muros para impedir el acceso a sus vecinos negros. Estas secciones se convirtieron finalmente en una barrera de separación contigua, llamada “Hall’s Hill Wall”, por el barrio negro que encierra.1213

El Muro de las 8 Millas de Detroit, también conocido como el “Birwood Wall” y el “Detroit’s Wailing Wall [el Muro de los Lamentos de Detroit], ilustra claramente de qué manera la política federal y ciudadanos particulares construyeron muros de segregación.14 Nombrado así por la calle 8 Mile Road, cerca de donde se encuentra el muro (y no por la longitud del muro), la barrera de separación se construyó durante el impulso desarrollista que favoreció la propiedad inmobiliaria, en la década de 1930. Coincidió con la creación de la Administración Federal de Vivienda (FHA, por sus siglas en inglés) en 1934, la agencia del gobierno estadounidense que fijó la regulación de los préstamos hipotecarios y de las hipotecas garantizadas a propietarios de viviendas y promotores. Inicialmente, la FHA rechazó respaldar los proyectos de construcción de viviendas de los promotores para el área circundante con 8 Mile Road por la proximidad de la población negra residente. Los constructores reaccionaron levantando un muro de 1,83 metros de alto y más de medio kilómetro de largo para mantener a la población negra fuera del proyecto propuesto. La FHA revocó entonces su decisión y aceptó financiarlo.15

La práctica estadounidense de división social y política mediante barreras coloniales y racistas permite explicar la tendencia que existe hoy en día en Estados Unidos de aceptar como natural o razonable la separación por criterios nacionales y raciales. La sociedad estadounidense se caracteriza por integrar geografías muy divergentes y racializadas. Es típico que las ciudades estadounidenses se dividan en “barrios negros”, “barrios blancos” y otros espacios racializados. Además, el legado de la “frontera” estadounidense sigue estando muy presente en la sociedad, en su historia y como punto de referencia en la comprensión contemporánea de la política nacional y de los conflictos raciales. Ese legado acarrea el imaginario de los colonos blancos en la frontera del espacio colonizado defendiéndose de los nativos hostiles en áreas no controladas, igual que en el “salvaje Oeste”.

La noción de conflicto entre grupos raciales por compartir o controlar el espacio no es natural. Emerge a partir de momentos de la historia en que los actores políticos impusieron la segregación racial generalizada para la que las barreras de separación desempeñaron una función. Sin embargo, aceptar la segregación como un fenómeno natural da cuenta de la comprensión que tienen los estadounidenses de los conflictos en los que la división racista y el nacionalismo juegan un papel clave. Por ejemplo, la idea de que es imposible que los palestinos y los judíos israelíes compartan la tierra de Palestina en paz e igualdad resuena en muchos estadounidenses. Y ello es así no sólo por las complejidades y características específicas de las luchas en Palestina, sino por la propia historia estadounidense de división y colonización racista. Asimismo, la idea de que hoy en día los estadounidenses deben levantar un muro en la frontera con México para evitar a los intrusos de Latinoamérica, o que se debe prohibir la entrada a Estados Unidos a las personas de países predominantemente musulmanes, resuena con el eco de una historia que ha implicado el mantenimiento de la pureza racial y nacional a través de fronteras fortificadas.

Derribar los muros

Sin embargo, hay finales felices para algunas de estas historias oscuras. En 1888, en Washington, la población negra residente en Howard Town, el área adyacente al parque LeDroit, sólo para blancos, se movilizó y derribó la valla que bordeaba el vecindario. El parque LeDroit se integró por la fuerza a través de la resistencia antirracista.

En Arlington, Virginia, la integración de las escuelas públicas desencadenó un intento de derribar el Hall’s Hill Wall. A mediados de la década de 1960, el muro impedía que los niños y niñas negras asistieran a la recién integrada Escuela Primaria Woodlawn, lo que les obligaba a recorrer un largo camino alternativo para eludirlo. La barrera también impedía que las y los niños negros accedieran a un arroyo cercano. En respuesta, los críos empezaron a derribar trozos del muro. Finalmente, en 1966, la Asociación de Padres, Madres y Maestros de la Escuela Primaria Langston, las Mujeres de la Iglesia Unida de Arlington y varios grupos comunitarios negros solicitaron al Ayuntamiento que lo demolieran. Lo hizo comprando dos de las casas colindantes con el muro y derribándolas para abrir el espacio.16

Para debatir sobre los muros fronterizos y otras barreras de separación que se están proponiendo y construyendo hoy en día es fundamental conocer la historia de aquellos muros y vallas de separación de Estados Unidos, y la de los asentamientos coloniales que los precedieron. Esas historias delatan que a pesar del significado beligerante que tienen los muros en nuestro contexto actual como encarnación de la política de separación racista y colonial contemporánea, no son nuevos. Abordar la xenofobia y el racismo que representan hoy en día exige, pues, cuestionar profundamente los fundamentos mismos de las sociedades para las que hoy se proponen muros como soluciones a las imaginarias “invasiones” de grupos humanos que son repudiados como peligrosos forasteros. Esto es especialmente cierto para Estados Unidos que, con un historial de colonización y racismo tan profundo, juega en la actualidad un papel tan determinante –junto con su socio israelí– en la promoción de muros por todo el mundo.

Pero también es importante apreciar e inspirarse en los esfuerzos para superar los muros. Las victorias que conllevan demuestran que es posible derribarlos a través de la resistencia popular, en particular la de aquellos contra los que se construyen. Los muros de ayer se derribaron. Los que no lo fueron no consiguieron preservar la separación. Permanecen, despojados de su poder, como vestigio y huella indeleble de la división racista. Así también los muros de hoy en día serán derribados, o preservados solo como monumentos a un tiempo oscuro y violento. Sirvan para recordárnoslo mientras construimos futuros brillantes y liberados.

Gracias a Leah Muskin-Pierret por su asistencia en la investigación para este artículo.


1 John McCain National Defense Authorization Act for Fiscal Year 2019, Public Law No. 115 – 232, 115th Congress (August 13, 2018), 132.

2 Joe Gill, “’Salalah forever’: Oman’s security wall can’t dent deep Yemeni ties,” Middle East Eye, 20 de enero, 2018.

3 Barbara Opall-Rome, “Raytheon-Jordan Border Defense Against ISIS Enters Final Phase,Defense News, May 26, 2016.

4 William Strachey, True Reportory, 15 de julio, 1610.

5 Nathaniel Philbrick, Mayflower (New York: Penguin, 2006), 130.

6 William James Sidis, The Tribes and the States, (1935), Chapter 7.

7 William Elliot Griffis, The Story of New Netherland: The Dutch in America, (Boston and New York: Houghton Mifflin Company, 1909), 83.

8 New York Historic Society, “White New Yorkers in Slave TimesSlavery in New York, accesado 1 de octubro, 2019.

9 Keeanga-Yamatta Taylor, Race for Profit: How Banks and the Real Estate Industry Undermined Black Home Ownership, (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 2019).

10 Richard Rothstein, Color of Law: A Forgotten History of How Our Government Segregated America, (New York: W.W. Norton and Company, 2017).

11 National Parks Service, “LeDroit Park Historic District”, accesado 1 de octubro 2019.

12 Scott McCaffrey, “Historical marker makes note of Arlington ‘segregation wall’ and its impact”, Inside NOVA: Northern Virginia’s Leading News Source, February 27, 2017,.

13 Department of Community Planning, Housing and Development Historic Preservation Program, “A Guide to the African American Heritage of Arlington Country, Virginia”, 2016, 22.

14 Jeff Karoub, “Wall that once divided races in Detroit remains, teaches”, USA Today, 1 de mayo 2013.

15 Elizabeth Baker, “In Detroit, A Colorful Mural Stands As A Reminder Of The City’s ‘Segregation Wall’”, All Things Considered, July 22, 2017.

16 Department of Community Planning, Housing and Development Historic Preservation Program, “A Guide to the African American Heritage of Arlington Country, Virginia,” 2016, 22.